jueves, 4 de marzo de 2010

desraizada


Y una vez más aquí, en esta habitación encerrada conmigo misma. No hay nadie fuera, nada importa. Soy lo único que me queda. Emergen como del suelo fantasmas, seres ilusorios que no paran de golpearme y se llevan mi aire, me ahogan, decaigo, me desvanezco, no soy. A duras penas escribo en esa libreta vieja que sobrevivo aunque no lo sepan, que estorbe o no, persisto, y nadie me va a borrar de este mundo por mucho que se esfuerce en anularme. Escribo y miento, mientras las paredes me absorven. Tal vez pronto no sea más que parte de esta habitación, inútil como un mueble más, un cajoncito que guarda historias para no dormir. Si no me miran acabaré por hacerme invisible. Si nadie me escucha, pronto no hablaré. Si nadie me recuerda, al fin desapareceré. No quiero hacerme etérea por muy bien que suene, sino sentirme... sentir. No quiero acabar siendo nada. No quiero pasar por esta vida sin dejar huella. Pero me deshago.

Todo lo que me rodea apesta a tristeza. Paseo con mi maleta de camino a casa. Por más que busco no queda ya nada de la ilusión de hace un año… El trayecto hasta mi portal es también triste, más si lo hacemos solas las dos. Mi maleta y yo. Como un caracol, con la vida a cuestas. Ya no sé de dónde escapo y dónde me refugio. No sé si pertenezco más aquí que al lugar insípido del que vengo. Al fin y al cabo, ¿qué queda en mi ciudad de lo que consideraba mío? Pero durante la semana, me encierro tras las rejas de mi ventana, donde tengo quien me haga feliz, en mi microcosmos particular retroalimentario donde sí me siento viva, donde sí soy. Aunque fuera de él apenas si levanto la vista del suelo...

Sólo queda el estado de espera infinito. El time will tell que llevo escrito en cada poro. Un motor que bombea esta sangre que aún corre limpia, fría y lenta por mis venas, permitiéndome siempre volver a abrir los ojos con el primer bip del despertador.


Un día más me quedaré sentada aquí... en la penumbra de un jardín tan extraño.

¿Cuánto más...?

4 comentarios:

Marta dijo...

tu dejas huella siendo Irene


(que moñas soy)

Leibnitz dijo...

Tristemente me consuela ver que no soy el único al que le llueve tanto o más, dentro de casa que fuera.

Un saludo

Dalven dijo...

Muchas veces me he preguntado eso, si soy más de aquí, de San Fernando, de Algeciras o de Cádiz. Al final creo que mi hogar está donde yo lo quiera poner y por ahora estoy más cómodo viviendo en tierra de nadie.

Velero dijo...

Ahí reside la diferencia entre vivir y sobrevivir.

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