sábado, 29 de mayo de 2010

El jardinero.


En cierta ocasión este poeta tuyo que soy yo pensó componer un admirable canto épico, pero tuve tan poca habilidad que mi canto tropezó con tus tintineantes brazaletes, se rompió en mil pedazos armoniosos que se esparcieron a tu alrededor. La joya de mis antiguos cantos bélicos cayó en medio de una ola de risas, humedecido por su propio llanto...
¡Compénsame con tu cariño este fracaso! Si mi derecho a la inmortalidad de la fama ha de quedar en nada cuando muera, inmortalízame tú mientras viva y ya no sufriré por mi fracaso ni te culparé de él.
El jardinero, Rabindranath T. Tagore


Está en mi lista de escapismos preferidos. Garabateado, subrayado con más de un lápiz diferente, en más de una tanda... Hojas dobladas a modo de señalización, anotaciones en los márgenes y corazones mal dibujados aquí y allá. Huele a libro viejo, el mejor olor que existe. Detrás tiene una pegatina azul de esas de precio que nunca me he molestado en quitarle... pone "pryca" y "95 pesetas". Sus tapas están al borde del desprendimiento, y cuando se caigan me voy a cabrear mucho. Me gusta para evadirme. Es como viajar a otro mundo y tomar por ciertos los mismos sentimientos.


(Estudiar pa qué. )

3 comentarios:

Vatra dijo...

¡Feeeeria, feeeeria!

¡Bang! ¡Bang!

Jorge Pulgar dijo...

Lo peor es que ya quedan irrecuperables. Mi principito está ya el pobre pa'l arrastre.

marta pug dijo...

esos son los mejores libros los que vienen con el precio en pts.


que recuerdos de cuando todavía éramos mozos.

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