domingo, 25 de julio de 2010

Carta (1)

"Aún no te conozco lo suficiente como para saber si te gusta recibir cartas, o eres de las que piensan que no es más que una forma de evitar el embarazoso cara a cara, un acto cobarde y esquivo que a fin de cuentas no te aporta demasiado... A mí en particular me encanta recibir cartas- te lo digo por si alguna vez te aburres, te apetece o lo necesitas- y también escribirlas. Pienso que a través de ellas puedo dar rienda suelta a mis sentimientos más fácilmente, que así no me callaré muchas cosas, cosas que nunca diría en una conversación por miedo a que me tiemble la voz o me falte, o no me exprese de la forma correcta. Nunca miento en mis cartas, si es lo que estás pensando. No tengas dudas sobre ello. Nunca he sido hipócrita, ni a la cara ni a la carta.

Sólo quería explicarte por qué no quise dormir contigo anoche. No me gustaría que pensaras que te rechacé o te repudié de alguna forma, nada más lejos de la realidad. Si bien me he declarado una persona sincera, también debo admitir mis defectos y confesar que mi valentía en este tipo de ocasiones brilla por su ausencia. Pese a mi fachada de hombre atrevido y osado, confieso que no se me da bien dar el paso, ni besar primero, ni meter mano, ni desabrochar sujetadores. Estaban siendo- y han sido- maravillosos estos días, y no quería estropearlos con mi torpeza, convertirlos en momentos que preferirías no recordar porque el calor de la vergüenza acude a tu rostro cuando los evocas. Aún así me temo que no lo he conseguido, y que he vuelto a meter la pata (sí, suelo hacerlo con frecuencia). Esta es la razón por la cual te escribo, mientras te imagino tranquilamente dormida en la habitación de al lado, sin pensar en mí ni hacerte preguntas absurdas que tendrán mañana, cuando leas estas líneas, una respuesta que espero te llegue clara y seas capaz de comprender. Confío en que al menos, cuando te dé esta carta en la estación, después de nuestra despedida, haya podido reunir el valor para besarte antes de coger el tren. Ya he mencionado que ese tipo de arrebatos no son mi especialidad, pero llevo un buen rato mentalizándome de que va a ocurrir, y normalmente cumplo lo que me propongo. Si por un error de cálculos o por el pavor de última hora no lo hago, quiero que sepas que estaba en mis planes- que estás en mis planes.

Sobre el regalo, no me des las gracias, era lo mínimo que podía hacer. Es el regalo más egoísta que he hecho nunca, porque con él consigo que te acuerdes de mí cada vez que le des cuerda y te llegue su melodía… Tenemos ya una canción en común, inevitablemente. Lo siento por ti, en realidad soy yo quien sale ganando.

Espero que volvamos a vernos pronto. Y no estoy utilizando la típica fórmula de despedida para una carta informal: realmente ya lo estoy esperando. ¿Sabes? Creo que te he querido más que a nadie esta semana. Creo que te seguiré queriendo, de hecho..."


Cartas para nadie. No hay mejor manera de protagonizar nuevas vidas...

5 comentarios:

Ramon Mejía dijo...

¡Qué buenísima!
Buen uso del lenguaje!!
¿sabes? hace algunos días se me ocurrió crear una viñeta con ese mismo estilo "Cartas a nadie"
...

Pero ahora que lo has hecho, me dedicaré a leerte, me encantrá der ese "Nadie" a quién escribes!!

Grandioso, un gusto tremendo leerte!
un beso!

marta pug dijo...

hombres como ese ya no quedan es tan pisipisi todo tan tiernucho XD

Alvaro Ochoa dijo...

esta carta me ha asustado... me la puedo quedar?

Miguel Cobo dijo...

¿Quién dijo que el género epistolar no tiene futuro? Precisamente el futuro nos dice que mañana "nadie" será "alguien", pues no hay remitente sin destinatario.
En cualquier caso a mí me da igual que escribas una carta o que escribas "a la carta": lo imprescindible es que escribas.

Y si te gusta el género, te recomiendo encarecidamente que no te pierdas el último -bueno, ya el penúltimo- nº de la revista Litoral, "Cartas & Caligrafías": ¡Te va a encantar!

Feliz verano

Edmundo Dantés dijo...

Nunca he sido hipócrita, ni a la cara ni a la carta

Sencillamente sublime.


Pd: no creo que alguna persona digna de serlo pueda decir que una carta es un escondite cuando nadie puede esconderse entre los renglones.

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