jueves, 14 de julio de 2011

¿Por qué me miras así?


- ¿Qué te pasa?
- ¿Qué me pasa?
- ¿Por qué me miras así?
Él preparaba café en la cocina, mientras hablábamos de algo que no recuerdo. En un momento se volvió a mirarme y me dijo eso. No sé a cuento de qué. No creo que le estuviera mirando de una forma especial. Él parecía sentirse turbado de pronto, como quien se ve acosado por los ojos de un extraño. Retiré la mirada algo molesta. Estuvimos sin cruzar palabra unos minutos.
Después, como si nada, él empezó a hablar de algo que se le había ocurrido, no sé, cualquier cosa. Le oía, pero no podía escucharle. No dejaba de darle vueltas. “¿Por qué me miras así?”. Sentía un fuego extraño en la boca del estómago. Una congoja de procedencia desconocida. Él seguía a lo suyo, sin darse cuenta de que yo no le prestaba atención. Trajo el café a la mesa y se sentó enfrente de mí, sin parar de hablar. En fin, sí que debía estar mirándolo de una forma nueva, porque realmente le estaba viendo de una manera distinta a otras veces. Cobraban un sentido imprevisible detalles como el hoyuelo de su barbilla, un remolino en su pelo, sus larguísimas pestañas, la postura encorvada que mantenía todo el rato. Y su forma de rascarse la nariz, de frotarse con insistencia el ojo derecho, de qué manera manipulaba las cosas, cómo cada movimiento parecía estar estudiado previamente, no se permitía un error, mano izquierda cafetera, mano derecha taza, ni una gota fuera, la cantidad exacta de azúcar. Un pequeño lunar en su frente, los caleidoscópicos dibujos que formaba su iris en distintos tonos de marrón, ¿por qué nunca me había dado cuenta?, y cómo parecía difuminarse hacia fuera la pupila, y qué blanco tenía lo blanco de los ojos, y qué quemados los labios, y qué poco me gustaba aquel arito en la nariz, pero cuánto me maravillaba todo él en conjunto.
- No me estás escuchando, ¿verdad?
Me encogí de hombros, pero qué voz de barítono tenía. Sacudió la cabeza mientras se reía. Y su risa sonó a todas las melodías de mis canciones favoritas conglomeradas en una única sinfonía magistral, soberbia, perfecta. De pronto el mundo parecía moverse más despacio, de pronto estaba enamoradísima, hasta el exceso, embriagada y bajo los claros efectos del rayo de luna. De pronto todo a mi alrededor se había dado la vuelta, pero a continuación volvía a su sitio de nuevo, y enseguida sentía que del vértigo estaba a punto de vomitar...
Que algo te dé ganas de vomitar significa que no es bueno para ti. Así que, en resumen, y a la vista de que el asunto se ponía serio, tuve que decirle adiós. Parecía una opción fácil, pero me equivocaba. Tal vez era la menos difícil, pero nunca fácil. Los primeros días marcharon bien. Pronto empecé a debilitarme. Y nunca imaginé que pudiera llegar a extrañar esos detalles suyos que tanto odiaba, como el ridículo tembleque de su voz cuando hablaba bajito, o su forma de arrastrar los pies, incluso el asqueroso olor a tabaco pegado al cuero de su chupa de Danny Zucco. No estaba en mis planes alcanzar ese nivel, el de convertirse sin más a la religión denostada, la de las cosas de ti que no me gustaban y que ahora mataría por tener delante.




Me da pena abandonar esta historia, pero ya no le encuentro el sentido ni las vueltas de ninguna de las maneras. Así que al carajo, como de costumbre, y a por otra cosa.
Imagen sacada de Tumblr, ese mundo.


8 comentarios:

Ana dijo...

Pues no deberías abandonarla porque me parece fantástica :)

marta pug dijo...

la imagen de tumbrl refleja muy bien tu deseo por el pelo larguísimo el cual estás a punto de coseguir jejej.

Me encanta el texto, y todos los sentimientos que has plasmado de ella, esa "bipolaridad" que de vez en cuando también le viene a una sin venir a qué.

nisa dijo...

me guzta me guzta

Juana la Loca dijo...

pues a mi me ha parecido una historia preciosa, y es verdad que hay un punto de inflexión donde te das cuenta que las cosas han cambiado...

Harry dijo...

Está muy bien. Me gusta el pelo de la chica, parecen espaguetis.

Anónimo dijo...

Joder pues para lavarlo debe ser la hostia.
Bubo

Miguel Cobo dijo...

Hay una canción de Serrat que dice algo así como "me gusta todo de ti, pero tú no..." ¿La conoces?

Parece una burda simplificación, pero...no sé...tu sutil texto me la evocado.

(También a Neruda: "Ya no la quiero, es cierto; pero tal vez la quiero)

¡Feliz verano, Irene!

Ninfart dijo...

Las cosas que pasan...
Mi gustar tela como escribir tu, seh. A ver si te veo por ahí!

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