martes, 2 de agosto de 2011

I told you...


Aquí se riegan las calles por la noche. Para que toda esa podredumbre que nace del suelo pueda seguir trepando por las paredes como una enredadera y extenderse por el aire y destrozarnos por dentro poco a poco, a los que respiramos, poquito a poco sin que nos demos cuenta, y acabe por hacer de nosotros esto que somos, ratas de ciudad que no viven en las alcantarillas pero sí que se muerden las unas a las otras y se contagian la rabia. Yo ya te había contagiado a ti, hace tiempo. O tal vez fuiste tú quien lo hizo. Sería imposible adivinarlo. Fuera como fuese, tú ahora frente a mí presentabas una imagen muy deteriorada de ti misma, tanto que ni siquiera estaba muy seguro de tenerte realmente delante. Y yo... yo ni siquiera soy capaz de reconocerme si me miro. Te rige una mecánica que no puedo entender. Hay un fuego raro que se intuye desde el fondo de tus ojos pero no me abruma ni me parece bonito. Tampoco me da miedo, ya no.
Aquí se riegan las calles como si fueran jardines de losa y alquitrán, y por eso estaba la calle mojada. Hicimos arder la ciudad muchas noches. Ahora permanecía así, fría y húmeda.
Debí creerte cuando me lo advertiste. Pobre tonto de mí.
Ahora el daño está hecho.


4 comentarios:

Bubo dijo...

En mi barrio ya no se riegan las calles. Voy a lanzar una propuesta para que lo hagan, ahora que hay agua.
Esa chica tan venenosa... ¿fue interpretada magistralmente en el cine por Uma Thurman?

marta pug dijo...

Siempre me ha dao pena ver las calles llenas de agua de noche y me pone tensa pasar por al lado de los que las riegan por si algún día se les escapa la manguera ufffff

Juana la Loca dijo...

En mi barrio se riegan, pero dejan la misma mierda.... no había pensado lo de la rabia, pero llevas razón, somos ratas....

Taulmaril dijo...

Tengo una buena sensación al ver regar o sentir el riego. Hace un tiempo tras salir de un concierto de gospel en la calurosa Isbilya, fuimos a recoger el coche y dio el casual que regaban por allí.

Mi coche lleno de esa mierda de polvillo negruzco y amarillento recibió una dádiva muy buena. El regador de Lipasam me miró, miró a mi acompañante y acto seguido me lavó el coche. Fue algo bonito, las ratas que somos no nos enrabietamos esa vez. Fue un momento bastante grato.

Un saludo

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