miércoles, 17 de agosto de 2011

Seguirás en tu línea.


Te veré dentro de unos años como hoy te veo.
Caminarás por las mismas calles de siempre, sin tener ni puta idea de por dónde vas. Nunca te aprenderás los nombres de las avenidas más importantes de la ciudad. Pasearás por ahí con la mirada ausente y los auriculares puestos, enredados bajo tu barbilla porque no tuviste huevos de deshacer el lío de cable con cable, o ni siquiera lo intentaste porque qué más da, si de todas formas suenan. Y te moverás bailando un poco mientras andas, sin darte cuenta, al ritmo de la música, que seguirá hablándote de lo mismo, cantautoreo, historias de amores tan intensos que sólo pertenecen a la retórica porque nadie los aguantaría en vida, todo eso que en parte también ha hecho que seas lo que eres, la agridulce agonía, eso de la vida no vale nada y un sentimiento verdadero sí que lo vale todo. Todavía gesticularás mientras caminas sola, absorta en esas conversaciones internas tuyas en las que a ti te posee una elocuencia descomunal y tu adversario se muere de miedo sólo con oírte. Y andarás arrastrando los pies, como siempre haces, que me tienes todos los zapatos rotos, parece que te pesara el alma o el cuerpo o algo. Y te seguirán mirando por la calle, se volverán para verte, y tú te seguirás preguntando por qué, descartando la opción fácil, seguramente también la real, que haces mucho ruido al andar porque arrastras los pies o que llevas muy alta la música y por eso te miran, o que no sabes pintarte bien los ojos y pareces El Cuervo, o que hoy no te los has pintado y pareces filipina y eso por lo visto es exótico. Tú también, te seguirás mirando en cualquier superficie mínimamente reflectante casi sin quererlo, como atraída por un imán, y no por vanidad, sino para no perderte de vista, eso podría resultar muy peligroso.
Seguramente, y digo seguramente porque así ha sido desde que recuerdo, darás oportunidades a todo el mundo menos a ti. No te habrá abandonado tu veletismo ni tu facilidad para inventarte filosofías de vida que no sabes llevar. Seguirás, sí, qué pena, creyendo en la gente. Y la gente no dejará de sorprenderte, tu capacidad de asombro no tiene límites, y te hundirás como una tonta, es algo que sabes hacer bien, enfadadísima contigo misma, y te dirás que ya nunca más, hasta aquí he llegado, no me hace falta nadie, las personas buenas no existen, pero aparecerá otra gente, que antes de joderte -ya lo harán- se dedicará a cubrirte de falsa gloria, falsa falsa, pero bien disfrazada como si fuera una verdad, esa verdad falsa que tú, débil persona, seguirás necesitando escuchar.
Nada va a cambiar y tú no lo asumes.

6 comentarios:

Marcos Y. Jiménez Hidalgo dijo...

¡Disparo en tu blog!

Ya es hora de aprenderte los nombres de las avenidas por donde vas para poder encontrarte siempre y no sentirte así perdida.

Desenreda los cables de los auriculares para que su música te llegue siempre pura y no pierda su escencia entre tanta curva.

En fin, escribo de lo que no tengo ni idea pues tu entrada guarda más secretos de los que llegaría a descifrar en 30 días de lectura. Pero tampoco he escrito por cumplir ¡Eh!

Un abrazo y sigue escribiendo.

Juana la Loca dijo...

Asi es la vida Irene..... y así somos las personas, si naces buena gente, inocente, es imposible cambiar radicalmente, puede que las experiencias nos endurezcan un poco, pero nada más...

marta pug dijo...

el mundo corrompe al ser desde que nace, o te vuelves igual o vas contracorriente.

Mejor ser mil veces así, y parecer que no aprendes a ser un lagarrrrt@ de por vida

Ninfart dijo...

En verdad te entiendo tela, mira que los lío bien, con cuidaito, y los meto en el bolsillo despacito... pero salen como les da la gana. Igual con todo, por mucho cuidaito que tengas. En un momento te vas a tu aire y te despistas, y cuando caes, ala, a tomar por culo la cosa!

Heart Seeker dijo...

Vivere memento.

Niégate a ti misma. Deshazte de todo lo que te atrapa y encuentra a Dios (tú escoges a qué llamas Dios)

Miguel Cobo dijo...

Me ha gusta eso de una verdad falsa, como sinónimo de adulación (más o menos interesada). La verdad verdadera, sin embargo, querida Irene, es solo una verdad publicitaria; o sea, al fin y a la postre otra verdad falsa. Pero tú sabes bien que la posesión de la verdad es un peligro que conduce irremediablemente al dogmatismo. La verdad es una aspiración, y en su búsqueda constante corremos el riesgo de caer en la melancolía, sobre todo en el cambio de fase de nuestras metamorfosis.
La propuesta machadiana me gusta:

¿Tu verdad?
No, la verdad.
Vente conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.

Y en eso estamos los que te triplicamos la edad.

Para terminar, niego la conclusión final: Todo irá cambiando y lo irás asumiendo. Pero no me hagas mucho caso.

Besos, Irene.

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